Entrevista a Ingrid Betancourt después de su liberación

La ex rehén de la guerrilla colombiana de las FARC Ingrid Betancourt afirmó que “Colombia está aislada en la región” y acusó al presidente Álvaro Uribe de falta de “serenidad” en varios temas, incluido el escándalo de la “parapolítica”.

Durante una entrevista exclusiva con BBC Mundo en el centro de París a menos de una semana de su liberación, Betancourt evaluó la posibilidad de ser candidata presidencial de Colombia, apoyó el polémico ataque militar colombiano a un campamento de las FARC en Ecuador en marzo y reprochó actitudes del presidente venezolano, Hugo Chávez.

Lo que siguen son extractos del diálogo que Betancourt, de 46 años, mantuvo con BBC Mundo en el hotel parisino Fouquet’s Barriere.

SOBRE URIBE

Hay mucha gente que está sorprendida por sus declaraciones al ser liberada, sobre todo por sus elogios al presidente de Colombia, Álvaro Uribe. ¿En qué ha cambiado su visión de Colombia en estos seis años?

Yo pienso que, primero, al César lo que es del César. A Uribe hay que reconocerle lo que ha hecho por Colombia.

Pero desde un punto de vista ya analítico, el problema sigue siendo el mismo en el sentido de que entre Uribe y yo hay una diferencia fundamental y es que Uribe concibe el problema colombiano como una crisis de violencia, de seguridad, y esa crisis de seguridad, esa violencia es la que produce un malestar social.

Yo pienso al revés. Yo pienso que es porque hay un malestar social que hay violencia.

Esas interpretaciones diferentes hacen que las políticas para atacar el problema se piensen de manera diferente.

¿Uribe debe buscar un tercer mandato?

Yo no sé si deba. Eso está en su cabeza. Él verá qué hace. Yo siempre he creído que la constancia de las políticas de gobierno son necesarias para ver resultados.

Entonces, el hecho de que haya habido un segundo mandato hoy está recogiendo el fruto de esa continuidad.

Si los colombianos quieren darle un tercer mandato al presidente Uribe pues que se lo den, si consideran que ésa es la mejor opción.

Pero hay quienes dicen que eso podría ser un problema para la democracia, que en definitiva la transformación del país dependa de un sólo hombre.

No, yo creo que no. Creo que hay hombres de generaciones, hay líderes que pueden marcar la historia.

Yo pienso que desde el momento que sea democrático y de que los colombianos tengan siempre la posibilidad de retirar su apoyo cuando sientan que es necesario.

Y quiero decir una cosa. Hoy en día todo el mundo dice: “Reelección de Uribe”.

Si hay un tercer mandato y la posibilidad de que él se presente, y puede que no lo reelijan.

Es decir, nada está dicho. Entonces, dejemos que los colombianos tengan la oportunidad de decir qué quieren.

LA “PARAPOLÍTICA”

¿Qué opina del escándalo de la “parapolítica”?

Eso es grave. Es grave, es profundo, pero es necesario.

Yo creo que la justicia ha hecho un trabajo extraordinario en una situación muy complicada porque obviamente tocar la “parapolítica” es tocar los cimientos del apoyo al presidente Uribe a nivel político.

Tranquilamente hay que decirlo. Todo el mundo lo sabe. En Colombia se sabe. Eso no quiere decir que estemos diciendo que el presidente Uribe sea paramilitar. No.

Pero el hecho es que sí hay una sensibilidad ideológica que hace que los que están a la derecha, y en particular en la extrema derecha, los paramilitares, le dieron el apoyo a Uribe.

Entonces, claro, el presidente hoy se encuentra con un Congreso diezmado, sin gente, es decir, vacío, porque todos los que eran paramilitares, que eran la mayoría, que eran los que lo habían apoyado, están en la cárcel.

¿Cree que ha reaccionado bien Uribe ante ese problema?

Yo pienso que puede ser más sereno. Yo creo que hay que tener más serenidad.

Y sobre todo pienso que él puede darse el lujo, y en eso pienso que es algo que tiene que ir buscando, de mantener serenidad aún cuando él pueda sentir que lo están atacando.

¿Está bien la idea de Uribe de impulsar un referéndum para definir la legitimidad de la reelección del presidente?

Eso no cambia nada. El presidente puede inventarse 800 referéndums y puede que los colombianos lo vuelvan a elegir 30 veces y que pidan que lo vuelvan a votar.

Pero la justicia tiene que seguir su curso.

PRESIDENCIA

Según las encuestas, usted es uno de los políticos de Colombia con mayor popularidad. ¿No es un estímulo para considerar su candidatura presidencial?

Es un estímulo para servir a la gente que uno necesita que esté ahí, hablando por ellos.

Me irrita un poquito que me pregunten la cuestión esta de la presidencia porque es como si yo saliera con ansias de conquistar la presidencia de la república. No.

Pero es natural en el sentido de que usted es política y la aspiración, el honor mayor para un político es ser presidente de su país…

Sí, de acuerdo. Pero yo soy una política diferente. Me parece que la presidencia está muy bien si uno puede ayudar, pero uno puede ayudar de otras maneras.

Y hay otros sitios, otros espacios desde los cuales uno puede ayudar.

Si uno ve que definitivamente, el sitio para uno mover las cosas es la presidencia, muy bien. Pero yo pienso que desde el cautiverio se hicieron cosas muy importantes.

Pienso, por ejemplo, que los colombianos han cambiado su actitud frente al secuestro, al drama de los colombianos.

Mucho más, hoy en día los colombianos salen a marchar, dejaron la indiferencia, son más tolerantes.

Todo ese proceso creo que es parte de lo que nosotros desde el cautiverio ayudamos a impulsar. Simplemente con nuestro dolor.

El ejemplo hace mucho. No necesita uno que lo elijan presidente de la república.

¿De qué depende su decisión en definitiva?

De lo que Dios quiera. Y cuando digo eso suena muy así, pero no.

La verdad es que pienso que los espacios se tienen que abrir naturalmente.

Si yo veo en algún momento que es bueno para Colombia que yo esté ahí, lo estaré.

En este momento no veo la necesidad de estar ahí, peleándome a codos.

Lo que está haciendo Uribe está bien. No es el único que lo puede hacer y puede haber otros que lo hagan mejor.

¿Aceptaría un cargo en el gobierno de Uribe?

Sería un poquito limitante. Pienso que termina uno como poniéndose un bozal. A mí me gusta mucho mi independencia.

No quiero decirle que no, porque uno nunca sabe.

De pronto hay alguna causa extraordinaria que uno quiera defender y no sé.

Pero, en este momento, pienso en la posibilidad de coger temas específicos y tratar de sacarlos adelante, desde la plataforma del micrófono que usted me está poniendo.

LAS FARC

¿Las FARC son un grupo “narcoterrorista”, como define el gobierno?

Eso no lo dice el gobierno; lo dicen las acciones que hacen.

¿Hay que seguir atacando a las FARC como hace Uribe o hay que negociar con ellos?

La negociación hay que buscarla como prioridad, pero la presión militar hay que mantenerla, porque las FARC nunca van a negociar mientras piensen que tienen una opción militar para conquistar el poder.

Entonces, la presión militar es para hacerles entender que ésa es una utopía que nunca van a lograr.

Es necesario para que se sienten a dialogar.

Y pienso que tiene que haber un cambio dentro del Estado, el gobierno y Uribe en particular, del vocabulario que se utiliza.

¿Apoyó el bombardeo en Ecuador que mató a “Raúl Reyes”?

Sí. Si Colombia tiene la certeza de que las FARC están en otro país y en ese país no hay la posibilidad de que se cumpla con lo que se debe hacer -que es parar esa presencia ahí- pues creo que al final de cuentas sí.

Obviamente, lo ideal hubiera sido que se hubiera contado con el gobierno de Correa, que se le hubiera advertido, que hubiera sido una operación conjunta, pero muchas veces lo que sucede es que no hay confianza entre los mandatarios.

Entonces, por eso es tan importante que se creen vínculos de confianza y hermandad para que ese tipo de operaciones se hagan no contra el otro, sino con el otro.

Es difícil crear vínculos de confianza en este momento, sobre todo después de las acusaciones que ha habido de ambos lados. ¿Qué opina de los ordenadores de Raúl Reyes que muestran contactos y apoyos, según Colombia, a las FARC por parte del presidente de Venezuela, Hugo Chávez, y del presidente de Ecuador, Rafael Correa?

Me tiene sin cuidado. Me parece que ese es un tema secundario que no debería ni siquiera ser discutido en público.

Pero ¿no le parece que es grave si es cierto que hay un gobierno de otro país que apoya a una organización “narcoterrorista”, como usted define a las FARC?

Me parece que son más importantes las vidas humanas de los secuestrados que están en la selva y, por lo tanto, a mí no me importa que Chávez tenga contacto con las FARC, si ese contacto con las FARC hace que Chávez tenga influencia sobre ellos y que a través de esa influencia pueda convencerlos de liberar a mis compañeros.

Lo único que yo sí le pido a Chávez y a Correa es que entiendan que los cambios en Colombia se tienen que hacer por la vía democrática y que ellos tienen que contar con el presidente de Colombia.

Y créame que yo no voté por Uribe no solamente porque estaba secuestrada sino porque no hubiera votado por él porque yo soy de otro pensamiento político.

Pero lo que sí me parece es que Uribe, que uno lo quiera o que no lo quiera, es el único vocero legal de los colombianos.

¿Estuvo bien Uribe al cesar la mediación de Chávez cuando lo hizo diciendo que Chávez había pasado el límite?

No, yo creo que no. (También) lo que estuvo muy mal fue que Chávez se hubiera puesto a vociferar y a utilizar un vocabulario que después cerró la posibilidad de cualquier tipo de comunicación con Uribe. Creo que en eso, Chávez se equivocó.

Pero yo creo que Uribe no debió suspender la mediación de Chávez porque estuvo a punto de coronar.

En ese sentido, ahí yo pienso que Uribe no pensó en la vida de los secuestrados. Tuvo suerte porque ahora logró sacarnos a nosotros y lo hizo de una manera extraordinaria. Qué bien.

Pero quedan otros y, de todas maneras, vamos a seguir necesitando a Chávez y entonces necesitamos que esos puentes se vuelvan a hacer.

¿Le parece que Colombia está aislada en la región?

Yo pienso que Colombia está aislada en la región. Es así.

Tiene, de pronto, a Alan García en el Perú, pero definitivamente sí.

Pero, bueno, son puentes que se tienen que tender y los demás países de la región tienen que entender que esa es la opción que ha escogido Colombia.

Hay veces que Colombia va en contravía de los demás países de América Latina porque la situación de Colombia es diferente a la de todos los demás.

El único país que todavía tiene guerrilla es Colombia y por eso es que estamos en la extrema derecha.

Quienes han hecho elegir a Uribe son las FARC. Si no hubiera FARC, no habría Uribe. Los colombianos votan por Uribe porque están hasta la coronilla de las FARC.

RESCATE

¿Se puede dejar de lado la posibilidad que se haya pagado a algún miembro de las FARC, del grupo que los custodiaba, para su liberación?

Para “Gafas” (uno de los miembros de las FARC que lideraba su custodia) estoy segura que no, porque yo lo conocía de manera íntima, y por la expresión en su cara -estaba tan humillado y asustado- yo sé que él estaba sorprendido.

A la captura de los otros no la pude ver, pero después vi el video por televisión, y se ve cuando son capturados, tienen la cabeza baja, es difícil pensar que ellos sabrían algo…

El alma humana es difícil de entender y no pondría las manos en el fuego por eso. Sí por “Gafas”, pero no por los otros.

Realmente creo que los militares colombianos que hicieron el trabajo sí arriesgaron sus vidas.

Si no lo hubiesen hecho, la alegría que expresaron no podría haber sido la que compartí con ellos.

¿Y qué de la posibilidad de que se haya pagado a un alto miembro de las FARC?

Eso es posible, es posible. Pero eso no quita el riesgo que las tropas en el campo, si hubiesen pensado que había un problema, podrían haber reaccionado.

Había 60 guardias armados alrededor nuestro. Cualquier cosa que hubiese salido mal, estaríamos todos muertos.

¿Cómo se define usted ideológicamente hoy?

Yo siempre seré de izquierda. Pero no es una izquierda tontarrona ni ingenua.

Es decir, yo creo que uno tiene que estar donde la gente sufre, donde uno puede hacer la diferencia.

A mí me parece, por la ejemplo, que las FARC no son de izquierda.

A mí me parece que son la extrema derecha de alguna izquierda de otro tiempo prehistórico. Pero de izquierda no son.

Para acceder a la presidencia de Colombia usted tendría que renunciar a la ciudadanía francesa. ¿Estaría dispuesta a hacerlo teniendo en cuenta la pasión que usted expresa por Francia?

Va a tocar hacer una reforma constitucional… (risas).

Fuente BBC Mundo

Ecuador pide “gratitud” a Ingrid Betancourt

CORREA DESTACA EL ‘ESFUERZO’ DE SU PAÍS EN LA IBERACIÓN

‘Nos apena que no haya apreciado los esfuerzos que hizo el Ecuador por su liberación’

El presidente Rafael Correa, mediante una carta, pidió a la franco-colombiana, Ingrid Betancourt, “un poco de gratitud” ante “tanto esfuerzo” del gobierno ecuatoriano por la “labor humanitaria y de solidaridad” para la liberación de los secuestrados por las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC).

Betancourt y otros 14 rehenes de la guerrilla colombiana fueron rescatados el pasado 2 de julio, en lo que se convirtió el más certero golpe de los que en el presente año ha asestado el gobierno de Álvaro Uribe contra las FARC, contra la organización armada.

En la misiva de fecha 10 de julio, pero dada a conocer oficialmente hace pocos minutos, Correa se queja de las declaraciones que ofreció Betancourt a la BBC de Londres, en las que habría expresado su apoyo al ataque perpetrado el pasado 1 de marzo por las Fuerzas Armadas de Colombia a un campamento clandestino de las FARC, levantado en territorio ecuatoriano.

El incidente mantiene rotas las relaciones diplomáticas entre los gobiernos de Quito y Bogotá. Rafael Correa ha asegurado que no reanudará relaciones con su vecino “mientras Álvaro Uribe sea presidente de esa nación”.

Nos sorprenden y apenan profundamente esas declaraciones que apoyan y buscan justificar un acto ilegítimo, que fuera reconocido como tal y rechazado por todos los gobiernos de América, inclusive por el propio Gobierno de Colombia, el cual públicamente pidió perdón pues atentó contra los fundamentales principios del Derecho Internacional y del Derecho Interamericano” dice el comunicado.

Correa se queja de las declaraciones que ofreció Betancourt a la BBC de Londres, en las que habría expresado su apoyo al ataque perpetrado por Colombia en territorio ecuatoriano.

“Nos duele que precisamente usted se haya hecho eco de las afirmaciones y las versiones del Gobierno de Colombia respecto de la supuesta falta de colaboración de mi Gobierno, que ha sido, por lo contrario, permanente y constante y llegue inclusive a insinuar que el Ecuador es santuario del as FARC” subraya Correa en la misiva.

Correa aclara a Betancourt que su Gobierno ha censurado los métodos de lucha de las FARC, ha insistido en pedir la liberación incondicional e inmediata de todos los rehenes y, según asegura, lucha contra la presencia subversiva en la frontera con Colombia, “con altos costos humanos, materiales y financieros”.

“(…) nos apena que no haya apreciado en su justa dimensión los esfuerzos que hizo el Ecuador por su liberación y apoye el bombardeo a nuestra Patria y la violación de su soberanía y su integridad territorial” puntualiza la comunicación.

Finalmente, reclama que “aunque en nuestra labor humanitaria y de solidaridad con el pueblo colombiano nunca hemos buscado reconocimiento alguno, si nos hubiera gustado un poco de gratitud ante tanto esfuerzo”.

Fuente elmundo.es

Las FARC rechazan a Uribe y prefieren reunirse con Ortega

Se hace pública una carta de la organización guerrillera en la que acusa al presidente de Colombia de estar al servicio de EEUU

Las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) han expresado en un comunicado hecho público este martes su decisión de no dialogar con el presidente de Colombia porque en su opinión Uribe está al servicio de Estados Unidos. Sin embargo, la organización guerrillera sí está dispuesta a dialogar con el presidente de Nicaragua, Daniel Ortega.

Ortega en persona, o en su defecto un delegado suyo, serían aceptados en una reunión por las FARC por “su inamovible solidaridad” en momentos como los vividos tras los “asesinatos” de los dirigentes Raúl Reyes e Iván Ríos, y la muerte de Manuel Marulanda Vélez, su líder y fundador, según indican en la carta, reproducida por el canal Telesur.

La misiva está fechada el día 26 de junio, por lo que es anterior a la Operación Jaque, el 2 de julio, en la que fueron liberados 15 rehenes de las FARC, entre los que se encontraban la ex candidata presidencial Ingrid Betancourt y tres estadounidenses. Además, su redacción también es previa al anuncio del Gobierno de Álvaro Uribe de que busca un contacto directo con esa guerrilla.

Las FARC sostienen en el comunicado que su “alzamiento armado” está justificado como “respuesta legítima a la violencia del Estado colombiano”. “Mientras se mantengan las causas políticas, económicas y sociales que la generaron, la lucha armada nunca perderá vigencia”, agrega el texto.

Fuente El País.com

Las FARC pierden un aliado

Por Ibsen Martínez

“…Las opciones drásticas se han venido agotando para el demagogo con chequera que hasta ahora ha sido Chávez. … el creciente descontento que la violencia criminal, la desbocada inflación, el desabastecimiento y la corrupción suscita en las filas de sus propios electores poco a poco comienzan a surtir efecto en el ánimo del Bolívar redivivo que debe, pese a sus delirios de dominación continental, ganar unas elecciones estadales y de alcaldías dentro de cuatro meses.

Se insiste en Venezuela que el laptop de Raúl Reyes está “envenenado” y que, en manos del taimado Uribe, surte mejor efecto como amenaza creíble que como prueba efectiva ante un tribunal internacional. Eso por sí solo vendría a explicar el viraje radical de la política exterior de Chávez…”

Durante toda la semana pasada, en Caracas se habló con sorna de la escogencia de Coro (estado Falcón) como escenario del encuentro entre los presidentes Chávez y Uribe.

A casi seiscientos kilómetros al occidente de Caracas, Coro no ofrece mayores facilidades para un encuentro de este tipo que las que pudieran hallarse en la mismísima capital, pero muchos sugieren aquí que Chávez simplemente no quiso que, arriba de tener que tragarse el sapo vivo de hacer las paces con el abominable doctor Uribe, ocurriesen manifestaciones callejeras en las cercanías que mostrasen a la prensa extranjera el grado de descontento con su gestión que cunde en la población venezolana.

Caracas, al igual que Mérida y Maracaibo, se ha visto perturbada últimamente por manifestaciones estudiantiles de oposición, en protesta por la muerte el jueves pasado de un estudiante, acaecida en el curso de una pacífica marcha antigubernamental brutalmente reprimida por la policía de la ciudad andina.

Otras protestas se anunciaron en Caracas para este fin de semana contra la “inhabilitación” con que sistemáticamente el gobierno venezolano pretende deshacerse de los candidatos opositores con mayores oportunidades de ganar en las elecciones estadales de noviembre de este año.

Es en un tal clima político que la “cumbre” protagonizada por los presidentes Uribe y Chávez en la ciudad de Coro pone fin al período más tenso que las relaciones entre nuestros dos países hayan registrado en mucho tiempo.

Si se considera que hace apenas ocho meses, a fines de noviembre pasado, Chávez afirmó tajantemente que “mientras el presidente Uribe sea el presidente yo no tendré ningún tipo de relación ni con él ni con el gobierno de Colombia”, es forzoso reconocer que tan firme resolución duró en verdad muy poco, pues Alvaro Uribe sigue siendo cabeza del gobierno colombiano y no hay, en rigor, nada que haya cambiado en la política de este último respecto de las FARC.

Nadie en Venezuela esperaba, en verdad, los inopinados histrionismos con que Chávez suele “regalar” a la prensa luego de las cumbres a que suele convocar a los mandatarios de países amigos — o “satélites”, según se los vea—.

Al contrario, la entrevista que, como pocas, fue breve y concluyó sin mayor ceremonia, se vio en Venezuela como el fin de un prolongado rifirrafe entre Chávez y Uribe que el presidente de Colombia ha ganado de modo indiscutible y como el triunfo de este último en el pulso con Chávez a propósito de los rehenes cautivos de las FARC.

El titular de portada de una muy leída revista política — “Zeta”, dirigida por el periodista Rafael Poleo—que esta semana, contra lo habitual, demoró su aparición hasta el viernes, día del encuentro bilateral—, rezaba “El Paisa Vino a Cobrar”.

La portada muestra un fotomontaje en el que Uribe sostiene en las manos — con la carátula mirando al lector—una copia del informe forense de Interpol sobre los ordenadores y equipos informáticos de las FARC obtenidos por Colombia en marzo pasado.

Ciertamente es elocuente el modo con que Chávez ha afrontado las secuelas del rescate a Ingrid Betancourt, logrado en el curso de una audaz e incruenta acción militar colombiana, en lugar de en virtud del ascendiente, real o imaginario, que, sobre las FARC llegó a pensarse que tenía el presidente venezolano.

Como para subrayar el fin de ese ascendiente, las FARC rompieron su prolongado silencio justo durante el trascurso de la entrevista entre Chávez y Uribe.

Si bien el contenido de la declaración, atribuida a los altos mandos de las FARC, no hace alusión directa a la reunión de Coro, y más bien se limita a declarar como despreciables traidores a “César” y “Gafas”, incurre nuevamente en el cruel despropósito de llamar “prisioneros de guerra” a los rehenes que aún mantienen en cautiverio. Más llamativamente aún, al declarar las FARC que sostienen su política de concretar acuerdos humanitarios, el comunicado no menciona entre los factores internacionales llamados a colaborar en él, al presidente venezolano.

Si atendemos a la simbología del encuentro, sobresale la visita guiada al complejo refinador de petróleo de Amuay, el más grande de Occidente, y en la que Chávez sirvió de amable cicerone al presidente colombiano.

Atrás quedaron las rupturas del flujo comercial con las que, en noviembre de 2004, Chávez quiso castigar al gobierno de Bogotá por la “ex filtración” desde Caracas a Bogotá del llamado “canciller” de las FARC, Rodrigo Granda.

Aquella bravata, que tuvo un costo de miles de millones de dólares para un país que, no sólo es nuestro vecino, sino que es el segundo socio comercial venezolano después de los Estados Unidos, quedó chiquita frente a la bufonada de pretender trasladar a la frontera colombo-venezolana 10 diviones mecanizadas enteras, a raíz del ataque al campamento de Raúl Reyes, ocurrido en territorio ecuatoriano a comienzos de marzo.

Como se recordará, los tanques de guerra venezolanos resultaron estar en su mayoría descompuestos y debieron ser trasportados al “teatro de operaciones” en camiones fletados a contratistas privados. ¿Qué mueve a Chávez a cambiar diametralmente de actitud?

Es un hecho histórico que durante décadas, algunos factores de poder mediático venezolano, así como muchos de nuestros políticos, agitaron ocasionalmente la xenofobia y avivaron sentimientos anti-colombianos cada vez que las cifras de circulación de sus diarios o de aprobación de su gestión bajaban alarmantemente.

Así, tanto la aquí llamada “Cadena Capriles”— verdadero emporio de prensa amarillista—, como el ex canciller venezolano José Vicente Rangel, recurrieron a la prédica anti colombiana en más de una ocasión durante los últimos cuarenta años. Pero la actitud de Chávez respecto de Colombia debe apreciarse con tino, pues no representa un avatar más del mismo reflejo demagógico que vengo describiendo.

En el pasado, el oportunista anti-colombianismo de los factores de poder venezolanos fue siempre de tipo “cartográfico” y se limitaba a cuestionar —con buenas o malas razones — las aspiraciones colombianas sobre la plataforma submarina del Golfo de Venezuela, por ejemplo.

Tenía, pues, como toda disputa fronteriza, un cariz técnico que no hacía de la política doméstica colombiana el centro de su argumentación ni aspiraba a influir en ella.

Con Chávez, los venezolanos y los colombianos por igual, hemos vivido la exacerbación de una esquizofrenia que, al mismo tiempo que exaltaba el sueño integrador de Bolívar, pasaba por sobre la sempiterna disputa fronteriza para abordar de lleno el prolongado, complejo y sangriento conflicto armado colombiano y — más grave aún—, tomando partido por uno de los factores de ese conflicto: las FARC.

El 11 de enero de 2008, Hugo Chávez se dirigió a Uribe en términos perentorios: “Le pido que comencemos reconociendo a las Farc y el ELN como fuerzas insurgentes de Colombia y no como grupos terroristas y así lo pido a los demás gobiernos del continente y del mundo”.

Apenas seis días más tarde, el 17 de enero, Chávez declaró a Uribe “guerrerista” que “busca cualquier pretexto para justificar su lógica militarista”. Añadió que [Uribe] “no está comprometido con el intercambio humanitario”, “es cínico e hipócrita”, “maltrata al pueblo colombiano”, “es débil” y tiende cortinas de humo para “protegerse de los escándalos”, y no dejó de apostillar que “decenas de personeros del más alto nivel, vinculados al presidente Uribe, hoy se encuentran tras las rejas por delitos de terrorismo, paramilitarismo y narcotráfico”.

Se impone la pregunta: ¿porqué tal viraje de 180 grados en la postura de Chávez ante Uribe? La respuesta no tarda en resplandecer para quien haya vivido en Venezuela los últimos 18 meses. “La leche aquí se llama ‘Alpina'”, dice un chusco comentarista radial, sin que le falte razón al aludir la insuficiencia productiva venezolana.

Las opciones drásticas se han venido agotando para el demagogo con chequera que hasta ahora ha sido Chávez. La globalización, que es calle de doble vía, le ha hecho sentir duramente que el boom de precios de crudo, de la mano con el de los alimentos, no le permiten ya repetir un bloqueo comercial contra Colombia semejante al del año 2005.

Para colmo de males, el creciente descontento que la violencia criminal, la desbocada inflación, el desabastecimiento y la corrupción suscita en las filas de sus propios electores poco a poco comienzan a surtir efecto en el ánimo del Bolívar redivivo que debe, pese a sus delirios de dominación continental, ganar unas elecciones estadales y de alcaldías dentro de cuatro meses.

Se insiste en Venezuela que el laptop de Raúl Reyes está “envenenado” y que, en manos del taimado Uribe, surte mejor efecto como amenaza creíble que como prueba efectiva ante un tribunal internacional. Eso por sí solo vendría a explicar el viraje radical de la política exterior de Chávez.

Sea como fuere, a Chávez urge ahora consolidar su frente interno al precio que sea. Las FARC no sólo han perdido en Ingrid Betancourt a un invalorable rehén, sino que también, al parecer, a su mejor aliado.

Fuente Infolatam

La posición del Ecuador no cambia

Tomás Ciuffardi

La ministra de Relaciones Exteriores de Ecuador, María Isabel Salvador, no cree que el actual momento que se vive en la región, en el que Venezuela y Colombia superaron sus diferencias, sea el más adecuado para restablecer las relaciones diplomáticas con Bogotá, según explicó a BBC Mundo.

“Las conversaciones que han mantenido el presidente Hugo Chávez y el presidente Álvaro Uribe probablemente generan alguna expectativa; sin embargo, la posición del Ecuador no cambia” dijo Salvador.

Las declaraciones con tono conciliador realizadas este fin de semana por el presidente colombiano para normalizar las relaciones entre ambos países tampoco sirvieron para cambiar la postura ecuatoriana.

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“No vemos ningún camino en este momento para el restablecimiento de estas relaciones en el corto plazo… usted hace referencia a las declaraciones del presidente Uribe, no es la primera vez que las hace, habrá que ver cuán consistente y cuán coherente es esa posición de Colombia”.

El presidente Hugo Chávez también ofreció hablar del tema con Rafael Correa este martes, cuando el mandatario venezolano realice una visita a Ecuador para firmar un acuerdo para construir una refinería de petróleo.

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Sin embargo la ministra Salvador dijo a BBC Mundo que a pesar de las “muestras de buena voluntad” de Chávez, “no ve” en este momento ningún elemento que genere confianza para volver a conversar con Colombia.

“Hay una falta de seriedad… necesitamos señales claras, permanentes, coherentes en el tiempo para que se demuestre efectivamente que esa voluntad de buscar el restablecimiento pleno de las relaciones entre los dos países es férrea y real”, comentó.

Gobierno decente

Ecuador rompió sus lazos diplomáticos con Colombia desde inicios de marzo, luego de que el ejército colombiano bombardeara un campamento guerrillero clandestino situado en territorio ecuatoriano y en el que murió Raúl Reyes, segundo al mando de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC).

A mediados de junio la crisis entre ambos países parecía dar señales de mejoría gracias a la mediación del ex presidente estadounidense Jimmy Carter, hasta el punto en el que estaba muy avanzada la designación de encargados de negocios como un primer paso para restablecer los vínculos diplomáticos.

Sin embargo, el proceso fue postergado por Bogotá luego de unas declaraciones dadas al periódico argentino Página/12 por el presidente ecuatoriano Rafael Correa.

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En esa entrevista, el mandatario ecuatoriano dijo que su país todavía busca “que se aclare plenamente ese ataque” y sugirió que el ataque había en realidad sido perpetrado por aviones norteamericanos.

Además, dijo que tres de los heridos en el incidente habían sido ejecutados tras el ataque.

Pero Salvador minimiza la importancia de esas declaraciones.

“Para nosotros eso fue un pretexto, porque en realidad no tienen la voluntad seria y real de generar esa aproximación con el Ecuador” comentó Salvador, “en esa entrevista el presidente Correa no hizo ninguna opinión adicional, no dijo nada más que no hubiera dicho en el pasado”.

“Aparentemente, Colombia lo que está haciendo es utilizando el pretexto de las declaraciones del presidente Correa, y lo ha hecho en varias ocasiones, para detener un proceso que está en marcha”, dijo.

La reacción del presidente ecuatoriano a la medida colombiana fue tajante. El 25 de junio anunció que cancelaría el restablecimiento de las relaciones “indefinidamente hasta que haya un gobierno decente con el cual tratar”.

Lea: Correa condiciona relación con Colombia

Por su parte, la canciller ecuatoriana declaró en esa ocasión que no se descartaba la posibilidad de eventualmente establecer restricciones de tipo comercial a Colombia.

Actualmente Salvador asegura que esa posibilidad “se está estudiando, pero no es una decisión tomada ni es algo que el Ecuador va ha hacer si es que eso significa un perjuicio para nuestra propia economía y para el empleo en el país” y añadió que “se respetarían los acuerdos comerciales a nivel de la Comunidad Andina o de la Organización Mundial de Comercio”.

Pararse firme

La canciller Salvador dijo a BBC Mundo que el gobierno tiene conciencia de que internamente hay sectores críticos ante la ruptura de relaciones con Colombia, una situación que jamás había ocurrido con un país vecino, ni siquiera cuando Ecuador y Perú protagonizaron un conflicto bélico a mediados de la década de los 90.

Sin embargo, cree que “la mayoría del pueblo respalda al gobierno” y explicó las razones por las cuales el gobierno ecuatoriano no está interesado en aprovechar la actual coyuntura para solucionar la crisis con Colombia.

“El Ecuador tradicionalmente ha sido el país que acaba cediendo en su posición y ahora es la segunda vez que nos paramos firme ante una agresión hecha por Colombia”, dijo Salvador.

Según la ministra la primera vez fue cuando Ecuador decidió interponer una demanda ante la Corte Internacional de La Haya por las fumigaciones aéreas con glifosato en la frontera común, y la segunda fue ante la incursión del ejército colombiano en territorio ecuatoriano.

“Es muy duro decidir romper relaciones con un país que durante más de 100 años hemos tenido relaciones diplomáticas” afirmó Salvador. “Sin embargo, esas son las posiciones que en el pasado no han sido lo suficientemente firmes y son las que han permitido que Colombia nos trate como el hermanito menor, que está allí pero no importa mucho lo que suceda con él, y eso es absolutamente injusto”.

A pesar de todo Salvador tiene esperanzas de que la crisis encuentre una salida “en el marco de los buenos oficios de la Organización de Estados Americanos”, pero aseguró que una cosa será restablecer relaciones y otra muy distinta recuperar la confianza con el gobierno de Uribe.

“A mí lo que me preocupa mucho es que pongamos el enfoque de todo este problema en el restablecimiento de relaciones con Colombia, como que todo se resolverá ese día y eso no es así… eso es solamente una parte relativamente pequeña respecto de todo lo demás que tenemos que trabajar para el verdadero restablecimiento de la confianza entre los dos países”.

Fuente BBC Mundo

Detalles desconocidos de la “OPERACIÓN JAQUE”

Un trabajo de silencio y discreción

El ‘guión’ del golpe con el que el Ejército les quitó a las Farc a 15 de los rehenes del intercambio humanitario, llegó al general Mario Montoya a las 8 de la mañana del domingo primero de junio.

Ese día, el general recibió en el Comando del Ejército a tres hombres de inteligencia de su entera confianza que le llevaban noticias de los secuestrados en manos de las Farc. El pretexto de la reunión era revisar unas cartografías de la zona por donde se estaban moviendo tropas de la V División. Sin embargo, lo que cargaban los oficiales en sus fólderes era una historia que parecía sacada de una película de Steven Spielberg.

Para ese momento llevaban un mes planeando el rescate de Íngrid Betancourt, los tres estadounidenses y un grupo de militares y policías que estaban plenamente ubicados en las selvas del Guaviare. Montoya los escuchó atentamente.

“Teníamos fe y aunque sonara descabellada la propuesta, la habíamos analizado tantas veces de día y de noche que para nosotros no cabía la menor duda de que funcionaría -cuenta uno de los autores intelectuales del mayor golpe a las Farc en su historia-. Pero ya no dependía de nosotros, la palabra final la tenía el Presidente”.

Esa misma tarde del primero de junio Montoya pidió hablar con el alto mando en la sala de inteligencia del Comando General, donde expuso el plan al general Freddy Padilla De León, Comandante de las Fuerzas Militares. Del asombro y la desconfianza, tras las explicaciones de los oficiales, se pasó a la expectativa. El general Padilla lo aprobó y luego se lo presentó al ministro Juan Manuel Santos.

“Desde ese momento lo fuimos perfeccionando y acordamos ciertas reglas para seguir hablando de su ejecución”. Las reuniones se hicieron en recintos diferentes, con celulares apagados y con la radio o la televisión a mucho volumen, para evitar oídos indiscretos.

“Escogimos tres ceremonias militares entre el 4 y el 20 de junio para no levantar algún tipo de sospecha. A nosotros también nos podían tener infiltrados”, cuenta el oficial.

Se decidió que la operación necesitaría un grupo de 13 personas: cuatro tripulantes del helicóptero, cinco supuestos delegados de la misión humanitaria, un médico, un enfermero y un falso equipo periodístico integrado por camarógrafo y periodista.

En el transcurso de esos días hubo cuatro reuniones más y el 9 de junio, cuando era claro que había una alta posibilidad de concentrar a tres grupos de secuestrados, según el mensaje que había hecho llegar el militar infiltrado en la guerrilla, se decidió el equipo de 9 oficiales y suboficiales que viajarían a la zona (más los cuatro de la tripulación).

“Inicialmente no contemplamos mujeres en el grupo, pero revisamos los videos de las liberaciones unilaterales de enero y febrero y siempre hubo una. Eso les daría confianza. El alto mando determinó que la mayoría de hombres tenían que ser de inteligencia militar y que no irían armas dentro del helicóptero, porque la guerrilla podía hacer requisa y todo se iría a pique. Íbamos armados de valor y fe”, dice el hombre, que aún se emociona con el relato.

Dos del grupo eran comandos altamente entrenados para el combate y con especialidad también en inteligencia militar.

“Aquí no valía el arma que lleváramos o la destreza para disparar sino el feeling que tuviéramos para convencer a los guerrilleros, sobre todo a ‘César’, de que éramos en realidad de una misión humanitaria. También diseñamos unos logos para los chalecos que llevaban los de la misión y los supuestos periodistas”.

La tarea del infiltrado

Mientras en Bogotá se ultimaban detalles en la selección del personal y se revisaban los puntos que había que fortalecer, en el Guaviare uno de los infiltrados hacía una travesía para llegar hasta el campamento de ‘César’ y entregarle el supuesto mensaje de ‘Alfonso Cano’, máximo jefe de las Farc.

Allí, cerca de la reserva natural de Tomachipán, oriente del corregimiento de La Paz, el jefe guerrillero esperaba al emisario del secretariado, el mismo correo humano que semanas atrás le había entregado a ‘César’ la supuesta razón del ‘Mono Jojoy’ según la cual “habían logrado hacer un extraordinario contacto con una organización humanitaria de uno de los países europeos amigos”.

El correo humano, que en verdad era un militar que se infiltró con otro compañero a través de un contacto cuya identidad es un secreto de confesión para el Ejército, llegó la tercera semana de junio con el supuesto visto bueno de ‘Cano’. Para simular que en verdad había conversado con los líderes guerrilleros, tardaba en llegar al campamento de ‘César’ la cantidad de días que por lo general se toman los verdaderos emisarios de las Farc en entregar mensajes.

“Palabras más, palabras menos, el mensaje fue que el camarada estaba de acuerdo con el planteamiento, que le parecía un gran gesto de los países amigos hacer esa gestión para llevar a los secuestrados hasta su campamento y que eso abriría una puerta para el intercambio humanitario y la libertad de ‘Sonia’ y ‘Simón’. Que se debía hacer, con todas las garantías y medidas de seguridad”, cuenta el oficial.

El miedo a ‘salir a la radio’, que persigue a los frentes de las Farc desde los bombardeos que acabaron con ‘Acacio’ y ‘Raúl Reyes’, fue fundamental. En la zona del Meta donde supuestamente está el ‘Mono Jojoy’ hubo una intensa actividad militar, precisamente para evitar que el jefe de ‘César” pudiera comunicarse con su jefe y estropear el plan.

‘César’ ya tenía el mensaje, ahora tenía que ejecutar la supuesta orden de ‘Cano’. Para ese momento ya había empezado el movimiento de uno de los grupos de secuestrados, en el que estaban los estadounidenses Marc Gonsalves, Thomas Howes y Keith Stansell. Posteriormente arrancó el desplazamiento de los demás.

“Mientras tanto, con el visto bueno del Presidente, el grupo ya seleccionado de militares empezó una concentración. Entramos en un acuartelamiento de primer grado -cuenta la fuente-. Lo primero que hicimos fue una promesa de honor de mantener bajo reserva toda la operación y la bautizamos Jaque. Al mismo tiempo arrancamos las clases de teatro. Cada uno, como en una obra, recibió su papel.

“Por lo general, las misiones humanitarias tienen europeos y en esta en especial queríamos dejar la sensación a las Farc de que entendíamos su postura frente al conflicto, por eso dos de los hombres llevaron camisetas del Che Guevara. El médico, que en realidad era un médico militar y la enfermera (una de las más destacadas agentes de inteligencia) también recibieron una instrucción especial de cómo comportarse”.

Para el sábado 27 de junio se entró en la etapa final de Jaque. Fueron escogidos los helicópteros y sus tripulaciones: los mejores pilotos de la Aviación del Ejército.

El lunes 30, que era festivo, el ministro Santos y los generales Padilla y Montoya le echaron una última revisión a la operación, se dio la orden de pintar las aeronaves de blanco con una franja roja y entrar en alerta máxima.

“El martes primero de julio ensayamos nuevamente toda la acción: el momento del aterrizaje, el encuentro con ‘César’ y sus hombres, lo que cada uno debía hacer y decir, las posiciones que se debían ocupar dentro del helicóptero, cómo hablarles a los secuestrados, sin un solo milímetro de emoción, las esposas plásticas para evitar inconvenientes y lo más duro: qué íbamos a hacer si la guerrilla descubría el plan”, dice.

Esta semana llegaron a pensar que todo estaba saliendo tan perfecto que la guerrilla tal vez se había percatado del engaño y solo esperaría que el helicóptero aterrizara para atacarlos.

El martes en la noche el Ministro y el general Padilla decidieron que el día ‘D’ era el miércoles 2 de julio, a las 05:00 horas. Ya no había tiempo para más entrenamiento o modificaciones. La suerte estaba echada y los 13 militares solo estarían escoltados por un helicóptero similar que también hacía parte de la falsa misión humanitaria.

El propio comandante del Ejército viajó al sitio de concentración entre Villavicencio y San José del Guaviare. En la madrugada se reunió con sus hombres y en un momento que todos califican como dramático y solemne a la vez leyeron el libro de Los Hechos de la Biblia. El pasaje no podía ser mejor: ese en el que Pedro es rescatado por un ángel y pasa por entre los guardias que lo tienen preso sin que ellos se den cuenta: “Ahora me doy cuenta realmente de que el Señor ha enviado su ángel y me ha arrancado de las manos de Herodes”.

“Ustedes saben que este puede ser un viaje sin retorno. Nos vamos con la Virgen y los ángeles”. Con esas palabras se embarcaron en el helicóptero y partieron hacia la selva a traer a los secuestrados de regreso.

“Lo que viene después está lleno de emoción, de miedo también y una profunda alegría. Primero, cuando los vimos desde el aire, reunidos en un grupo, con sus morrales mirando el helicóptero.

“Luego, cuando descendimos, los que eran ‘periodistas’ empezaron a hablarles a los secuestrados, pusieron mucha resistencia para ponerles las esposas y al final por uno de los estadounidenses accedieron. Fueron interminables minutos.

Teníamos que salir de allí en menos de 7 minutos y mientras abordaban y hablaba ‘Cesar’ pasaron 22. Cuando se cerró la puerta y se neutralizó a los dos guerrilleros ellos quedaron libres y creo que nosotros también”, concluye el oficial.

Fuente El Tiempo.com

Por Jineth Bedoya Lima
Redacción Justicia


El miedo acelera el rescate

El presidente Álvaro Uribe también desestimó las versiones que señalan que las fuerzas militares habrían pagado una recompensa para lograr el rescate


El ministro colombiano de Defensa, Juan Manuel Santos, reveló ayer que la operación Jaque, que permitió la liberación de Ingrid Betancourt y otros 14 rehenes de las FARC el miércoles pasado, fue acelerada por miedo a que se produjeran filtraciones.

El ministro explicó que en principio estaba previsto que se desarrollara en un plazo de 10 días, pero se adelantó. “La aceleramos al máximo porque el riesgo de que se filtrara cualquier cosa era muy grande”, declaró, aunque matizó que “el riesgo para los secuestrados era mínimo”.

El ministro colombiano hizo estas afirmaciones durante su intervención ayer en el Campus de verano de la Fundación FAES, que dirige el ex presidente del gobierno español José María Aznar, y que se desarrolla en la localidad madrileña de Navacerrada.

Además, Santos explicó que en realidad no fue una operación militar sino de inteligencia, al tiempo que reiteró que el operativo fue “ciento por ciento colombiano” y que “es un golpe que creo que todavía las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia) no han podido asimilar”.

Santos negó que el gobierno de su país haya pagado a los guerrilleros de las FARC por la liberación de Ingrid Betancourt y otros 14 rehenes. Dijo que la llamada operación Jaque “no tiene posibilidades de ser desprestigiada porque produjo los resultados que todos hemos visto”.

Al respecto, rechazó la versión de un medio de prensa suizo, según el cual la operación fue un montaje por el que se pagó una recompensa a uno de los líderes guerrilleros. La versión, indicó Santos, “cae por su propio peso”, ya que para las FARC sería “mucho más humillante que uno de sus comandantes se venda por un puñado de dólares y entregue semejante tesoro que lo que sucedió, que es que fueron engañados”.

“Son unos amargados”

El presidente Álvaro Uribe también desestimó las versiones que señalan que las fuerzas militares habrían pagado una recompensa para lograr el rescate.

“Por ahí hay unos amargados que están tratando de sacrificar esa operación porque es que esos amargados conocen a Colombia de lejos. Por allá en un frío europeo ¡qué van a saber del ingenio colombiano!”, dijo Uribe durante un consejo comunitario en el departamento centro-occidental de Caldas. “Ellos creen que el ingenio colombiano son los matones de las FARC. Hombre, algún día van a conocer a esos muchachos del ejército que se ingeniaron esa operación”, agregó.

Feliz y saludable

Por su parte, Betancourt abandonó ayer el hospital militar de Val-de-Grâce de París, de donde salió llena de “felicidad” por las buenas noticias sobre su salud tras siete horas de exámenes médicos.

“Los médicos han sido encantadores y me han colmado de buenas noticias”, señaló en una entrevista con la cadena de televisión France 3 y añadió: “Es la felicidad total”.

La ex rehén, de 46 años, dijo que durante los casi seis años y medio que pasó en poder de la guerrilla de las FARC había tenido una serie de “inquietudes” sobre su salud.

Los médicos han recomendado mucho reposo a Betancourt a causa de la fatiga y le harán más pruebas aunque no son alarmantes. En el centro médico fue sometida a una serie de exámenes para determinar si sufre hepatitis B u otra enfermedad contraída debido a las condiciones insalubres en las que vivió durante su cautiverio.

Fuente El Universal.com.mx