Las confusiones del socialismo

Por Pablo Lucio Paredes

El Universo

El Ecuador vive aún un híbrido socialista que es necesario poner en claro para que sepamos hacia dónde nos conduce el actual experimento y no permitamos se convierta en un nuevo fracaso (recalentado, porque en todas partes ha fracasado). La mezcla de ambición de poder personal, de eventual corrupción (cada día surgen nuevas dudas sobre el manejo del Gobierno, sin que se ponga orden) y una visión estatista del mundo, solo puede terminar mal.

1) Los países nórdicos de Europa, que algunos señalan como ejemplo de buen socialismo, en realidad son “liberales con enfoque social”. Y esta diferencia es muy importante, porque en esos países hay una enorme apertura al mundo (nosotros nos convertimos en avestruces), libertades básicas absolutamente respetadas, en particular la de expresión (nadie iría preso por “la majestad del poder” y peor un fiscal persiguiendo a Édgar Terán por absurdos atentados contra la seguridad) y un sector privado que empuja la economía (aquí el motor es el Estado).

2) Se confunde lo colectivo y lo público/estatal. Lo primero se refiere a todos los temas que consideramos son temas de todos, que juntos debemos resolver, desde la cancha de fútbol del barrio hasta la educación nacional. Y para eso podemos buscar soluciones en que nos involucramos de diversa manera: nos unimos los moradores para una minga, aportamos y ponemos en marcha escuelas etcétera… Pero el socialismo nos ha metido en la cabeza que todos esos problemas colectivos son públicos/estatales, es decir, solo el Gobierno los puede resolver. Nos ha obligado a pagar impuestos para atenderlos de manera monopólica. Y de ahí soluciones ineficientes, inadecuadas, nos han convertido en espectadores (es decir, ha construido una sociedad menos solidaria porque esa función solo es de los gobernantes), y naturalmente nos ha empujado a ser demandantes de dádivas que incrementan el poder estatal. Cuando debemos hacer todo lo contrario: liberar todas las fuerzas, iniciativas, responsabilidades y solidaridades, incluyendo las del Estado, para que los problemas colectivos se resuelvan.

3) Se cree que la sociedad es una máquina, que se puede regular y controlar desde las alturas. Se puede, allá en el poder, establecer lo que es bueno y malo para cada uno y para todos. Se cree que la planificación central es válida, porque va encajando las piezas del rompecabezas. Cuando la sociedad, sistema complejo, es exactamente lo contrario. Lo bueno y lo malo no es algo que existe en una cajita mágica por encontrar, sino que lo van construyendo y descubriendo día a día las personas y sus organizaciones. Siempre hay un rompecabezas por armar, porque vamos llevando al mundo por caminos esperados. Claro que hay planificación, pero solo como una visión global estratégica que une hilos invisibles. Cuanto más interviene el Estado rígido y controlador, más destruye esos hilos que constituye el sistema social. Cuánto más se mantiene moderado pero importante, en su apoyo a la solución de problemas sociales, mejor funciona.

… pero el socialismo sueña en otro mundo, el del poder absoluto, “donde todos son iguales, pero unos más que otros”…

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