Alexis Mera: “Fui a la Asamblea a persuadir”

Marcela Noriega
mnoriega@telegrafo.com.ec
Editora de Actualidad

El abogado del Presidente define su rol en la Carta Magna, en el Gobierno, y en la administración de Febres Cordero

Usted proviene de una familia de clase social acomodada. Sé que su padre tenía haciendas, camaroneras, estudió en el Cristóbal Colón, en la Católica… Es lo que el Presidente llamaría un auténtico pelucón. ¿Cómo le sienta ese calificativo?

(se ríe) Mi padre era médico. Yo nací en Bahía, toda mi familia es de allá. Mis primeros años no fueron de abundancia. Y el Cristóbal Colón no era un colegio de pelucones. En mi curso, el más rico era Carlos Pérez (director de diario El Universo), pero tenía compañeros que vivían en el Cristo del Consuelo, en La Saiba, en el suburbio…

Y usted vivía en la Kennedy.
Sí, pero la Kennedy Nueva no era una ciudadela de ricos. Claro, luego mi padre hizo mucho dinero, eso sí es verdad. Con el tiempo pudo darme una educación en la Universidad Católica y al ejercer la profesión me relacioné con gente de clase alta, pero yo no me sentía parte de una élite ni de una peluconada. Después me fui a vivir a Samborondón, pero hace 15 años, cuando en Samborondón no había casi nadie.

En todo caso, usted ha trabajado para pelucones peso pesado: fue asistente del doctor Gustavo Noboa y del ex presidente León Febres Cordero y de dos ex presidentes de la Corte Suprema de Justicia. Ideológicamente ¿cuál es su tendencia?
Le explico: mi papel es de abogado. Soy abogado del Gobierno, del Presidente. Y el ejercicio de la abogacía no requiere de una definición ideológica determinada. A mí me corresponde dar mi opinión jurídica, no ideológica.

Jurídicamente su opinión pesa mucho, precisamente por estos antecedentes, ¿se siente un hombre del poder?
No. A veces se estigmatiza mi relación con el ingeniero (León) Febres Cordero. Pero hay que poner eso en su ubicación histórica.


¿Y cuál es su ubicación histórica?
Primero, yo nunca intervine en el gobierno de León Febres Cordero, eso debe quedar claro. Yo, cuando el presidente Febres Cordero fue elegido, ni siquiera tenía derecho al voto.

Claro, usted estuvo con él desde el 93…
Yo estuve con él en el período alcaldicio. Y recordemos cómo era Guayaquil en el 93: una ciudad que estaba destruida por las administraciones de los Bucaram, una ciudad que estaba apestosa. Y Febres Cordero hizo una labor extraordinaria de reconstrucción de la ciudad. Yo intervine y fui su asistente legal en ese tema. Fue una buena experiencia, y fue un tema estrictamente técnico porque ¿qué ideología hay en reconstruir la ciudad de Guayaquil? Tampoco requiere de una posición ideológica determinada.

No, claro. Pero uno se siente más o menos bien dependiendo del líder con el que esté trabajando. ¿Con quién se siente más cómodo: con un líder como Febres Cordero o con uno como Rafael Correa?
Yo me sentí bien trabajando con Febres Cordero, porque él estaba reconstruyendo la ciudad. Yo no intervenía en situaciones de carácter ideológico ni partidistas. Ahora me siento muy bien trabajando con el presidente Correa, porque es mi amigo desde hace 25 años; conozco toda su vida, sus padres, su vida personal. Sé lo auténtico que es, sé de su entrega por el país…

¿Le parece conveniente que la Comisión de la Verdad investigue los temas polémicos de la administración del ex presidente Febres Cordero?
Eso es lo que hay que hacer. Es que si usted piensa que hay un conflicto de intereses, no lo hay (…). Yo siempre he sido injustamente incomprendido, porque ahora se dice que soy un instrumento de la derecha. Antes, decían lo contrario. Cuando empecé a trabajar con Febres Cordero pensaban que era instrumento de la izquierda, porque yo había sido muy progresista en la universidad. Yo hice política con el presidente Correa en la universidad…

¿Usted militó en el FEDUC (Frente de Estudiantes Democráticos de la Universidad Católica)?
Claro, y éramos un grupo progresista, de centro izquierda. Fui miembro activo del movimiento (…). La universidad era un caldero de la política. Y allí había dos grupos: uno de derecha, muy fuerte, al que siempre nos opusimos, y otro con una visión progresista, del cual formé parte con el presidente Correa. Allí estábamos, entre otros, la ministra de Vivienda, el ex ministro Fausto Ortiz, el director de El Telégrafo…

Algunos dicen que antes el dueño del país era León Febres Cordero y que ahora es Rafael Correa. Y, aunque ideológicamente son muy distintos,  usted que ha trabajado con ambos ¿ve algún punto de semejanza?
Yo veo diferencias sustanciales en la manera de trabajar de ellos. El ingeniero Febres Cordero era un hombre que concentraba mucho el poder, el presidente Correa es un hombre que comparte muchos espacios de poder. Y hay relaciones personales que los hacen muy distintos.  Yo creo que el presidente Correa es un hombre mucho más enamorado del país.
Sé que uno de sus hermanos es amigo de Fabricio Correa, el hermano del Presidente.
Compadres. No solo amigos, muy amigos.

¿Usted también era amigo de Fabricio?
Claro, somos muy amigos, nos conocemos desde hace 25 años.

¿Y por qué, entonces, Fabricio Correa le puso a usted un juicio por injurias?
Ya, vea… Ese es un tema que no conozco bien, porque no me han citado legalmente. Yo, antes del Gobierno, había defendido a una compañía que había demandado a Fabricio Correa. Es un tema que ya no manejo, pero en esa época tenía litigios contra él, yo como abogado y él como parte. Y, aparentemente, él me está acusando de algo que dije hace tres años. No tiene ninguna relación con el Gobierno. Yo creo que está mal asesorado.

¿Cuál sería su interés de reflotar eso en este momento?
No sé, yo creo que está mal asesorado, porque su abogado (NdeR: Joffre Campaña, asesor del alcalde Nebot) tiene intereses políticos. Pero le tengo mucha consideración…

¿Pero esto no crea un tipo de fricción entre usted y el Presidente?, porque Fabricio es su hermano y lo seguirá siendo…
Podrá ser hermano del Presidente, pero yo a él le tengo consideraciones de toda la vida. Mi amistad con los Correa es de hace 25 años. Nuestros hermanos son compadres. Fabricio Correa es padrino de mi sobrina.

Y una vez que usted sea notificado ¿cómo reaccionará? ¿Le pedirá de forma personal que retroceda?

Yo no conozco oficialmente el tema, pero de lo que he leído por la prensa es un juicio de daño moral. Y los juicios de daño moral son juicios largos. Y yo en ese tema he ejercido bastante. Es decir: si a usted le ponen un juicio se asusta; pero que a mí me pongan un juicio es cosa de todos los días, es una cosa normal: no es un tema que me altere los sentidos. Pero si a mí me dicen que tengo colesterol alto me asusto, porque no sé nada de eso.

¿Siente el respaldo del Presidente en este tema?
Sí, por supuesto que sí.

¿Qué tanto poder cree que tiene usted en este Gobierno?
El poder que tiene un abogado, que es asesor jurídico, nada más que eso.

¿Es verdad que el Presidente confía tanto que usted le pasa documentos, y los firma sin leer?
No, él revisa todo lo que yo le paso. El presidente Correa no está en las nubes. Él está al tanto de las cosas. Trabaja 18 horas. El lunes trabajó hasta las dos de la mañana.

¿Y usted cuántas horas trabaja?
Más o menos las que él trabaja, porque como soy su asesor jurídico tengo que absolver consultas permanentemente.

¿Este es el trabajo más extenuante que ha tenido?
Así es.

Usted acaba de saltar a la luz pública por otro tema…
(sonríe) Contra mi voluntad.
Y es porque algunos asambleístas cuestionaron el hecho de que usted estuviera los últimos días de la Asamblea Constituyente (en Montecristi) revisando textos que estaban listos para la reconsideración, o sea que ya habían sido aprobados. ¿Cuál fue su papel allí?
Sí, mire, eso fue una mala fe de un par de asambleístas resentidos, amargados…

¿Quiénes?
Los Roldós. Y el tema fue crecido, también, por una prensa de oposición que quiere buscar algún efecto en el Gobierno.  Pero le explico lo que pasó: es lo más normal que el día del cierre de la Constitución esté el abogado del Presidente. Es normal que en este caso yo esté informándole de lo que se está resolviendo, de cuál será el futuro del país en los próximos 25 años. Yo no fui a cambiar textos o a hacerlos. Yo lo que hacía era informarme de lo que pasaba, llamar al Presidente, y nada más. Ese era mi papel. Probablemente, alguien me consultaba un par de cosas, porque yo tengo la noción de lo que quiere el Presidente. A veces, acogían mis opiniones, otras no…

¿Desde qué momento participó en el proceso constituyente? ¿Solo fue al final, o desde el inicio?
Yo participé todo el tiempo en el proceso constituyente, como el abogado del Presidente. Oiga, si el Presidente tiene mayoría en la Asamblea, tiene un bloque que controla la Asamblea y tiene allí coordinadores para la elaboración de textos, era obvio que el abogado del Presidente tuviera una labor de coordinación. Yo coordinaba con las mesas, coordiné las leyes…

¿Desde aquí (Carondelet)?
A veces iba a Montecristi a coordinar las leyes de correlación pública, las leyes tributarias, porque yo tengo la visión global de lo que se hace en el Gobierno. Me preguntaban el porqué de tal disposición legal y les explicaba. Mi labor era de coordinación y explicación.

¿Cómo tomaban esa coordinación los asambleístas del bloque?
Muy bien. Porque yo nunca fui a imponer (…). Yo iba a explicar, no iba a decir: oigan ¡cumplan!

Lo que usted dice es esto: como la Asamblea es parte del proyecto político del Gobierno, está bien que el Ejecutivo haya tenido total injerencia en la Asamblea.
No injerencia. El Ejecutivo, al tener un bloque mayoritario en la Asamblea, tiene que coordinar. Oiga, yo veo que en este país pasan cosas de las que la gente se escandaliza. En otros países es normal. ¿O usted no ve que el presidente (de Estados Unidos, George W.) Bush cuando quiere hacer una ley cita a su despacho a los miembros de la oposición?

Lo que parece raro es lo que dice el asambleísta (de Sociedad Patriótica) Galo Lara: que los textos salían aprobados por usted desde Carondelet, e iban directamente a la laptop de Fernando Cordero, sobre todo en los últimos días de frenesí.
Eso es totalmente falso. Yo ni siquiera fui a las mesas, porque sentía que era una indelicadeza, porque en las mesas no solo estaba PAIS, sino que había asambleístas de oposición. A menos que me invitaran, yo no iba a las mesas.

¿Usted era Correa en la Asamblea?
No, simplemente era el coordinador de las políticas del Presidente. Pero yo no hice ningún texto. No hay una letra en esa Constitución que yo haya escrito. Yo simplemente informaba, coordinaba, colaboraba.

¿Ni en los últimos días?
Ni en los últimos días. Con decirle que hay muchas cosas con las que no estoy de acuerdo. Desde el punto de vista técnico, no estoy de acuerdo con el recurso de que el Tribunal Constitucional pueda revisar las sentencias judiciales, y manifesté mi desacuerdo con eso. No me hicieron caso. Porque yo no iba a disponer las cosas, yo iba a persuadir.

Y, en general, con la reestructuración de la Corte Suprema ¿estaba de acuerdo?
No estaba de acuerdo. Era de la opinión de que se mantuvieran los diez (magistrados) para no hacer ese sistema de reestructuración integral. Tampoco me hicieron caso, porque este es un bloque democrático. Uno persuade, pero no viene a imponer. Si yo fuera el que mandara hubiera dicho: bueno ¡cambien esto!

Pero con todo lo que me está diciendo, usted sobrepasó la función que tenía Augusto Barrera, que era la de coordinar entre el Ejecutivo y la Asamblea ¿por qué?
Claro. Augusto Barrera era el coordinador de todos los conceptos, pero en cuestiones técnicas tenía que manejarlas yo. Porque Augusto Barrera es médico y es sociólogo, pero en temas como el de la Corte que, obviamente, no conoce, tuve que intervenir. Pero en temas de medio ambiente, que no son mi especialidad, yo no intervine. Me enteré de ese tema por la prensa y por la Constitución…


Quizá porque usted no intervino fue el único tema en que perdió la visión del Gobierno.
No, porque yo de lo que he revisado de la Constitución –que no la he revisado en detalle- el tema del medio ambiente es totalmente progresista, es un avance para el Ecuador.

Lo que no queda claro es el rol de Augusto Barrera, porque si él era el coordinador ¿para qué tenía que ir el Presidente, los ministros y usted?
Bueno, acuérdese que tenemos 8 meses de trabajo y Augusto Barrera hizo una muy buena labor de coordinación, pero obviamente había temas importantes y era mejor que el Presidente se apersone. La opinión del Presidente siempre es importante.

En cuestiones de fondo y se lo pregunto porque usted es católico ¿cree que esta es una Constitución sobre la que priman principios cristianos?
Cómo no. Si hablamos de que Cristo nos miró a todos iguales, esta Constitución es más cristiana que las anteriores. Si Cristo buscaba la solidaridad entre hermanos, también. Y si hablamos de posturas de la Iglesia las cuales comparto, como el control de la natalidad, también, porque esta Constitución defiende la vida y la libertad del ser humano.

¿Usted es católico practicante?
Sí, practicante.

¿Opus Dei o Teología de la Liberación?
Jajajaja. A uno siempre lo encasillan… No soy de la línea del Opus Dei, nunca he sido partidario y nunca sería. Tampoco de la Teología de la Liberación. Me considero un hombre de iglesia católica, creo en las verdades, en el Papa.

Sin embargo, su Iglesia, representada por la Conferencia Episcopal, no está de acuerdo con la Constitución.
Lo que pasa es que la Iglesia está formada por hombres, y los hombres se equivocan. Y desgraciadamente la Conferencia Episcopal está mal asesorada. Porque es clarísimo que el artículo dice que se protege la vida desde la concepción. ¿Cuál es el miedo? Lo que pasa es que hay ciertos grupos extremistas que ven que todo es aborto. La Iglesia está tremendamente equivocada. Ni siquiera la Iglesia, la cúpula.

¿Usted haría lo que dijo el Presidente: si está en la iglesia y el sacerdote hace campaña por el No, se levanta y le reclama?
Lo haría, pero fuera de la iglesia, porque el momento de la predicación no es para discrepar. Pero estoy de acuerdo con el Presidente en que hay sacerdotes que están comprometidos con la derecha y el poder.

¿Iría a la misa de, por ejemplo, Elías Dávila o del padre Gagliardo?
No, no iría. Porque están en función política, no en función pastoral.

¿Usted diría que es funcional a Correa?
Eso pregúntele al Presidente.

¿Metería las manos en el fuego por él?
Sí.

Y si León Febres Cordero volviera al poder ¿usted volvería a ser su asesor?
Uno debe partir de supuestos reales, no irreales.

Digamos que viene un presidente de ultra derecha…
Si es el señor Febres Cordero, con el círculo que lo rodea, jamás volvería a ser su asesor. Jamás.

Fuente El Telégrafo

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