Memorias forajidas

Autora Ivonne Guzmán

Artículos Opinión El Comercio.com

Forajidos devenidos en asambleístas ahora no se sonrojan al querer tener su ‘Pichicorte’.

“(…) ‘Cambiar’, esa palabra tan hermosa y tantas veces traicionada (…)”. En boca del presidente Rafael Correa -en una de sus últimas propagandas electorales- esas palabras solo pueden ser dos cosas: desgraciada paradoja o cinismo puro y duro. Déjenme explicarles por qué… El viernes pasado, el frío quiteño de las siete de la mañana se colaba por todas las ventanas mientras la decente asambleísta Diana Acosta revelaba indignada, en el noticiero de Teleamazonas, las mañas con las cuales Alianza País pretendía ‘comerse’ a la Corte Suprema de Justicia. Funesto ‘deja vú’.

Avanzaba la entrevista y la sensación de ‘esto ya lo viví’ se volvía insoportable. Bien pudiera haber sido una fría mañana de diciembre del 2004, solo que en lugar de la devota y alterada Diana, habríamos tenido a la ecuánime y versada María Paula, por poner un nombre… Eso sí, igual de indignada ante la barbaridad de que alguien pretenda manejar la justicia ordinaria por decreto (‘vicerazo’ también le dicen).

Como la María Paula del 2004 y 2005, primero cientos y luego miles de habitantes de Quito se indignaron ante tamaña arbitrariedad. Salieron a las calles y pidieron por las buenas (luego vino el despelote) que se restituya el Estado de Derecho. Yo fui una de ellos.

Entre el 13 y el 19 de abril del 2005, la masa callejera fue bautizada por el aspirante a omnipotente de turno: ‘Forajidos’. Y así nació una raza de ingenuos atolondrados y caóticos que soñaron con un cambio de verdad (así por arte de magia, ¡ingenuos!).

Bueno, el caso es que ese cambio soñado tenía como génesis el respeto por la institucionalidad y el Estado de Derecho. Pero también, era un cambio por el que casi ninguno de los ardorosos forajidos habíamos trabajado. Un cambio al que muchos de esos mismos forajidos redujeron a burda propaganda. Cambio que, tristemente, resultó sólo en cambio de mando.

Porque yo me acuerdo, y si alguno de ustedes estuvo ahí no me dejará mentir, que estábamos en la calle exigiendo que no haya ‘Pichicortes’, que se use el recurso de la cooptación para sacar a los jueces no probos, que se acaben los manoseos para gozar de sentencias hechas a medida, para que este país tenga alguna esperanza. ¿O lo habré soñado?

También hay la posibilidad de que yo haya entendido todo mal… y por eso, forajidos y forajidas ahora devenidos en ministros, asambleístas, asesores y hasta Presidente ni se sonrojen al querer tener su propia ‘Pichicorte’.

Y mientras ellos siguen trabajando en ‘el cambio’ (¡de nombres!), yo me quedo con el único vestigio de mi época forajida, un verso del poema ‘Estado de victoria’, de Darwish: “Resistir significa estar seguro de que tu corazón y tus huevos son fuertes, y que tu enfermedad no tiene cura: tu enfermedad, que es tu esperanza”.

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s