Burró decide

Por Carlos Vera Rodríguez

Así se pronuncia la palabra de origen francés. Mejor si le ponen tilde a la equivalencia fonética en castellano.

Ahora resulta que la máxima instancia de consulta y decisión no es el soberano, como pregona la mayoría de asambleístas gobiernistas; tampoco Correa, quien puede atribuirse -aunque la tiene bien mermada- esa legitimidad como impulsor del proyecto político. No. Es el ‘burró’ (pronuncien la ‘r’ bien gutural, como si tuvieran frenillo).

Allí están dirigentes a quienes nunca elegimos. Allí se parapeta quien mintió respecto a conocer a Raúl Reyes; quien de forajida pasó a corista; quien no se atreve a mentar un solo banquero corrupto de cuantos asegura existen en los últimos 10 años; quien anunció probables moratorias que enriquecieron a prominentes negociantes venezolanos; quien se jacta de controlar Guayaquil manzana por manzana; quien pasó por encima del Gerente de la AGD para devolver al grupo Alarcón empresas reputadas como del Grupo Isaías. Los identifico: Gustavo Larrea; Manuela Gallegos; Fernando Bustamante; Ricardo Patiño; Cristóbal Punina; Vinicio Alvarado, respectivamente.

Alardean de cambio cuando más parecen cambistas: trocan favores por reformas. A ellos acudirá una mujer de ruptura llena ahora de cordura para, en lugar de Cordero, presidir un inminente ‘Congresillo’, necesario para ordenar la transición pero no para legislar ni fiscalizar -basta de charadas- durante el período entre el fin de la Asamblea y la instalación de una nueva Legislatura. María Paula Romo tuvo la entereza de negarse cuando la presión del Presidente como su delegada en la Comisión del Conesup, redactora de un borrador de Constitución, llegó al extremo de ordenarle como secretaria. ¿Qué cambió? Correa necesitaba la Ruptura de los 25 para ideologizar su movimiento. Ellos no requerían de los puestos.

Ma. Paula y todos los asambleístas deben remitirse al mandante para completar su mandato como mandatarios y no al ‘burró’. Si no hay tiempo de otra consulta popular -buen pretexto- midan su voluntad mediante encuestas independientes. Colombia requirió congresillo porque la Constitución entró en vigencia sin necesidad de referéndum y eso precisaba ajustes para adaptar la vieja institucionalidad a la nueva. Nada más.

Veamos primero si gana el no. Allí les tocará recién decidir cómo elegir el nuevo Congreso (¡la vuelta de los manteles es imposible!) y este verá si ratifica, rectifica o anula las decisiones vigentes, ajenas al deber de redactar Constitución nueva. Acudiendo al ‘burró’ por directrices perderán legitimidad tras una tarea cumplida a medias, al ritmo de Alexis Mera y a la medida de quien en el fondo los desprecia aunque finja que los aprecia, como demostró llamando a Martha Roldós majadera por decir: “En el Aromo no, por favor”. Tarde se darán cuenta. Los entiendo. Yo también tardé.

Nota: Editorial publicado en la edición del 17 de julio de 2008 en Diario El Comercio, y reproducido en ecuadorenvivo.con con la autorización del autor.

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s