UNASUR: ¿Un fiasco?

Por Francisco Carrión Mena

En abril del año pasado, en esta columna, aplaudí la decisión de los mandatarios sudamericanos de crear la Unasur, con sede en Quito y con su primer secretario general el ex presidente Rodrigo Borja. Fue sin duda un éxito para el Ecuador, pues la integración de los países de la región es un imperativo en nuestra agenda internacional. Al Ecuador le favorece participar en proyectos de integración regionales en ámbitos como el energético, las comunicaciones, la infraestructura, entre otros, y no solamente en lo comercial ni arancelario. Le conviene integrarse en ámbitos físicos que superan las diferencias económicas, políticas e ideológicas, como es el caso actual. Y esa era la propuesta para la naciente organización regional.

Desde que se tomó la decisión presidencial, la diplomacia ecuatoriana, en una posición de fuerza poco usual ya que teníamos, de comienzo, la sede y el Secretario General, tuvo la gran oportunidad a través de la negociación del estatuto, de robustecer su presencia internacional. Una buena negociación del estatuto habría sido altamente conveniente no solamente para nuestro país sino para toda la región.

No obstante, parecería que el esquema aprobado para la Unasur en Brasilia no recoge esas expectativas. Su propia estructura, por ejemplo, donde el Secretario General se encuentra en un cuarto nivel de jerarquía, por debajo de los presidentes, cancilleres y los delegados de los gobiernos, le quita capacidad de gestión política y ejecutiva -en esas condiciones, es muy poco probable que un ex Presidente sudamericano acepte la Secretaría como fue la intención de sus promotores-. Creo que Ecuador, por falta de firmeza, perdió una gran ocasión para ayudar a apuntalar un proyecto de integración altamente ventajoso. Por lo demás, daría la impresión de que pudo resistir a presiones de otros países que no están del todo convencidos de la utilidad, y hasta de la necesidad de construir un bloque regional que constituya un sólido contrapeso en este mundo globalizado.

No sin razón, el presidente Correa parecería, por sus declaraciones, estar desencantado con lo ocurrido en Brasilia, pues el instrumento aprobado convierte a la Unasur en un aparato sin músculo, sin mayor poder político, adiposo e incapaz de impulsar el ambicioso proyecto integrador originalmente planteado.

Correa llegó a decir que la organización “no sirve para nada”-en otras palabras un fiasco- si no se hacen correctivos en los reglamentos al estatuto, que ojalá se hagan.

Es explicable, por lo demás, la decisión del ex presidente Borja de declinar la Secretaría de este organismo que nace débil y me temo que sin posibilidades de alcanzar sus objetivos originales.

Borja planteaba una organización ambiciosa, pragmática y fuerte. Probablemente demasiado para una coyuntura política como la que vive la región, pero en todo caso bien intencionada.

La esperanza que me queda es que en esta fase de lanzamiento, la Presidencia rotativa de la Unasur se encuentra en manos de Chile, país serio y respetado por todos.

Opinión El Comercio.com

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