Alfonso Cano, el nuevo líder de las FARC

El guerrillero Alfonso Cano, considerado ideólogo de las FARC y el miembro más preparado de la cúpula insurgente, es el sucesor del legendario jefe rebelde Manuel Marulanda Vélez “Tirofijo”, confirmó hoy la guerrilla.

En un video divulgado por la cadena Telesur, el jefe guerrillero Timoleón Jiménez, alias “Timochenco”, miembro del Secretariado de las FARC, confirmó la muerte de Marulanda, ocurrida el 26 de marzo pasado, por un infarto cardiaco, y la designación de Cano.

“Acordamos unánimemente que a la cabeza del Secretariado y como nuevo comandante del Estado Mayor Central esté el camarada Alfonso Cano”, precisó el portavoz.

Cano es antropólogo de profesión y antiguo militante de la Juventud Comunista (Juco) de Colombia, y cursó sus estudios profesionales en la Universidad Nacional, la máxima casa de estudios del país.

El líder rebelde, quien tiene 50 años de edad y cuyo nombre real es Guillermo Sáenz Vargas, es considerado dentro y fuera del grupo guerrillero como una ficha clave en un eventual escenario de negociación política para finalizar el conflicto interno colombiano.

Cano integra el Secretariado de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), conformado por siete comandantes y dos suplentes.

El 29 de abril de 2000 Cano fue presentado como responsable del Movimiento Bolivariano por la Nueva Colombia, que luego tomó el nombre de Partido Comunista Colombiano Clandestino, conocido como PC3 o PCCC, brazo político de las FARC.

Cano es miembro de una familia bogotana conservadora de clase media alta, su madre era pedagoga y su padre agrónomo que cada domingo iban a misa, y eran vecinos de los integrantes de la junta militar de 1957, señaló a Notimex un vecino de la familia que pidió reserva de su identidad.

El ideólogo de las FARC se perfiló desde la primaria y la secundaria como un intelectual porque era un “obsesionado con la lectura de libros de política e historia. En historia era el mejor del curso”, contó un amigo de la infancia.

El jefe rebelde ingresó a la Universidad Nacional en 1968, en plena efervescencia de la Revolución Cubana, de los movimientos juveniles y estudiantiles de la época y de la Teología de la Liberación, del nacimiento de las FARC y del Ejército de Liberación Nacional (ELN).

En la universidad estudió Antropología y se obsesionó con la geografía, la música indigenista y los temas del cantante catalán Joan Manuel Serrat, y profundizó en las lecturas políticas y de historia.

Entre 1974 y 1980 intercaló su actividad académica con la vida clandestina que le impuso el ser dirigente de la Juco, brazo juvenil del Partido Comunista.

A finales de la década del 70, Cano fue detenido por la policía y la organización logró que las autoridades lo dejaran en libertad, pero considerando que su dirigente estaba en peligro lo envió a Moscú, a donde enviaba a sus cuadros para formación.

El joven dirigente, sin embargo, nunca llegó a Moscú, donde lo esperaban otros compañeros de militancia política, y a finales de la década de los 70 se enroló a las filas de las FARC y marchó hacia las montañas para integrarse a la lucha armada.

En las FARC adoptó el nombre de Alfonso Cano y rápidamente ascendió por su capacidad política hasta convertirse en uno de los “niños mimados” del fallecido jefe y fundador del grupo Jacobo Arenas, ideólogo histórico de las FARC.

Arenas murió el 10 de agosto de 1990, y su legado de hombre político lo retomó y lo consolidó Cano con el transcurso del tiempo.

“Cano siempre fue la segunda voz, después de Arenas”, recordó Alvaro Villarraga, quien lo conoció en la Universidad y luego tuvo una relación con Cano durante las primeras reuniones de la Coordinadora Guerrillera Simón Bolívar (CGSB), que se creó en 1987.

Para Villarraga, en esa época uno de los ideólogos del desmovilizado Ejército Popular de Liberación (EPL) y ahora profesor de Derecho Internacional Humanitario (DIH), Cano siempre manifestaba interés en la salida política negociada al conflicto.

“Valoraba y respetaba las posiciones de las otras organizaciones políticas que integraban la coordinadora guerrillera, era muy unitario”, apuntó Villarraga.

Jugó un papel protagónico en la delegación negociadora de paz por parte de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) en 1991 en Caracas (Venezuela) y Tlaxcala (México) en 1992.

Al fracasar este intento de paz, las FARC entraron a la fase de dar máxima prioridad al componente militar y el protagonismo político pasó a un segundo lugar, lo que afectó la visibilidad de Cano como el político del grupo rebelde.

En el también frustrado proceso de paz 1999-2002 que desarrollaron las FARC y el gobierno del presidente Andrés Pastrana (1998-2002), Cano estuvo apenas en dos o tres ocasiones en las mesas principales de negociación.

“Cano siempre fue pesimista, no creyó mucho en esa negociación”, contó una fuente que participó en los diálogos de paz entre las FARC y el gobierno de Pastrana.

La actual coyuntura, donde se vislumbra que más temprano que tarde las FARC den un giro hacia la política en lugar de seguir escalando lo militar, favorece el protagonismo de Cano, quien sería proclive a una salida negociada al conflicto colombiano.

Fuente La Crónica de hoy

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