Sobre La Comunicación

La democracia depende que los ciudadanos formen sus opiniones en un ambiente exento de condiciones

Por Cesar Montufar

La democracia no solo depende de que los ciudadanos puedan elegir a sus representantes en las urnas sino de, al menos, dos condiciones adicionales más complejas. Por un lado, de que los representantes rindan cuentas de sus acciones y de que los ciudadanos puedan formar sus opiniones y preferencias sobre asuntos públicos en un ambiente exento de condicionamientos y coacción. Empero, la existencia de elecciones plenamente democráticas y de procesos efectivos de rendición de cuentas depende en gran medida del tercer factor: de que la sociedad pueda contar con una opinión pública no condicionada por intereses específicos, en donde los ciudadanos puedan formar libremente su pensar y voluntad política.

Solo así se ejercerá sin cortapisas la libertad de pensamiento y de expresión. De qué sirve tener elecciones, si estas no expresan las preferencias reales de los electores; si los sujetos políticos han generado estrategias publicitarias que impiden el ejercicio libre de la conciencia de los votantes. Igualmente, tampoco habrá rendición de cuentas si las autoridades, haciendo uso ilegítimo de recursos públicos, bombardean cotidianamente a los ciudadanos buscando su respaldo con base en campañas publicitarias con rasgos totalitarios.

Esta reflexión, a propósito del debate en la Asamblea respecto a los medios de comunicación. Partiendo de la premisa de que no corresponde al Estado, peor al Gobierno, establecer ningún sistema de control o regulación de la libertad de expresión y de que la única regulación valedera a los medios es la que realizan los lectores, oyentes y televidentes, sí resulta importante en el Ecuador establecer salvaguardas normativas que impidan que determinados grupos de presión o de interés (estatales o privados), que por lo demás tienen también el derecho a expresar sus posiciones, ejerzan una influencia desproporcionada en la formación de la opinión pública y obstaculicen que los ciudadanos sean convenientemente informados.

En la Asamblea se está pensado en dos soluciones: 1) Evitar la concentración de concesiones y frecuencias en manos privadas, alternativa que suena viable y que puede dar resultado sin lesionar derechos fundamentales y más bien democratizando el acceso a las mismas, y 2) Regular la posibilidad de que los propietarios de medios tengan intereses en otros negocios, lo cual no es en sí mismo un problema si es que no incide en sus agendas informativas y si es que lo medios no adoptan medidas para separar lo comercial de sus políticas de comunicación.

Por ello, en este segundo tema la salida, antes que la prohibición, es la transparencia de intereses y las políticas de buena comunicación. Pero el tema no se agota en la regulación a los medios privados. Se requiere también una regulación fuerte de la propaganda y publicidad gubernamental. El Ecuador ha padecido y padece del abuso y el peculado de autoridades que destinan muchos recursos para campañas publicitarias dirigidas a comprar apoyo ciudadano siendo que los espacios gubernamentales solo deberían servir para informar y no para proselitismo. En esa misma línea, se debe regular a los medios públicos para que no se conviertan en instrumento político del gobernante de turno y puedan realmente ser un medio alternativo de expresión ciudadana.


Fuente El Comercio.com

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