Carta a los guayaquileños

Por: Dr. Miguel Palacios Frugone

¿Qué les pasa?…Ustedes no eran así.
Los Guayaquileños de antaño no aguantaban tantas ofensas a nuestra ciudad. Para nuestros progenitores ser un Huancavilca era llevar en su fuero el espíritu indomable de la rebeldía.
Nuestros ancestros tumbaron gobiernos y lucharon contra las dictaduras. Su sangre se derramó en una ciudad rebelde y comprometida con la democracia. Los Guayaquileños de antes no aguantaban paro, como diría la gente de nuestro pueblo. Fuimos indómitos y nunca nos dejamos pisar de nadie. Ningún tirano osó atacar a Guayaquil. Nuestros guerreros labraron su propia historia por defender a Guayaquil.

Nuestra fortaleza ha puesto presidentes y derrocado tiranos. El coraje ha sido la característica del indomable espíritu que nos caracterizó. Cuando temblaba Guayaquil; también lo hacía la patria.

¿Qué les sucede ahora?… ¿en que se han convertido?
Nuestra rebeldía se limita a protestar alrededor de una jaba de cerveza. Tumbamos dictadores en la sobremesa del almuerzo. Gritamos con valentía frente a una sorda pantalla de televisor. Solo reclamamos en los velorios y las reuniones sociales.

Nos hemos vuelto sumisos y conformistas.
A nadie le interesa rebelarse contra el que nos ofende. Mucho menos arriesgar su comodidad esperando que sean otros los que nos defiendan.

Hablamos en contra del tirano, pero somos igualitos a él. Nos llenamos de bla, bla y nada más. Todo es palabrería y displicencia.
Veo con indignación que muchos tienen miedo.
! Hasta donde hemos llegado!…! terror por decir lo que pensamos y temor de actuar como debemos!
! Que desgracia!.. . No merecemos ser herederos de la garra legada por nuestros ancestros.
Imagino lo furiosos que han de estar nuestros próceres de Octubre. Nos hemos convertido en un manso y atemorizado rebaño. Nuestra bravura se ha cambiado en un conformismo cómplice.
¡Sacudámonos!
Volvamos a ser lo que fuimos… recuperemos nuestra identidad. Vamos a las calles. Olvidémonos del riesgo o las consecuencias. Si tenemos que recibir palo, bala o derramar nuestra sangre…! Pues hay que hacerlo!
Yo no tengo vocación de mártir ni ambición de muerto. Lo que deba hacer por Guayaquil, lo haré..
Sería una vergüenza dejar como legado la cobardía y el sometimiento. .

La sangre derramada por quienes nos precedieron exige la defensa de la ciudad. Debemos definirnos.
¿Somos Guayaquileños o cobardes subyugados ?
Yo por mi parte encontraré en la ofrenda de mi vida, la verdadera razón de mi existencia.


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