No busques falsas puertas para acabar con la violencia

Quisiera proponerte una historia que sucedió hace mucho tiempo:
Existió un viajero que tuvo que hacer una larga travesía. Para tal efecto ató su animal al carro y emprendió la larga marcha hacia un largo destino y con un límite fijo de tiempo.
Al animal lo llamó Necesidad, al carro Deseo, a una rueda la llamó Placer y a la otra Dolor.
Así pues el viajero llevaba su carro a derecha e izquierda, pero siempre hacia su destino. Cuanto más velozmente andaba el carro, más rápidamente se movían las ruedas del placer y del dolor, conectadas como estaban por el mismo eje y transportando como estaban el carro del deseo.

Como el viaje era muy largo, nuestro viajero se aburría. Decidió entonces decorarlo, ornamentarlo con muchas bellezas y así lo fue haciendo.
Pero cuanto más embelleció el carro del deseo más pesado se hizo para la necesidad. De tal manera que en las curvas y en las cuestas empinadas el pobre animal llamado por él Necesidad, desfallecía no pudiendo arrastrar el carro del deseo. En los caminos arenosos las ruedas del placer y del sufrimiento se incrustaban en el piso.
Desesperó un día el viajero porque era muy largo el camino y estaba muy lejos su destino. Decidió entonces meditar esa noche y al hacerlo escuchó el relincho de su viejo amigo. Comprendiendo el mensaje, a la mañana siguiente desbarató la ornamentación del carro, lo alivió de todos sus pesos y esa mañana muy temprano con su animal, comenzó al trote felizmente avanzando hacia su destino.

No obstante había perdido un tiempo que ya era irrecuperable.
A la noche siguiente volvió a meditar y comprendió por un nuevo aviso de su amigo que tenía ahora que acometer una tarea doblemente difícil porque significaba ahora su desprendimiento.
Muy de madrugada sacrificó el carro del deseo.
Es cierto que al hacerlo perdió la rueda del placer, pero con ella perdió también la rueda del sufrimiento.
Montó sobre el animal de la necesidad, sobre sus lomos y comenzó al galope por las verdes praderas hasta llegar a su destino.
Fíjate como el deseo puede arrinconarte.
Pero hay deseos de distintos pesos. Hay deseos más groseros y hay deseos más elevados.
¡Eleva el deseo! ¡Supera el deseo! ¡Purifica el deseo!, que habrás seguramente de sacrificar con eso la rueda del placer, pero también la rueda del sufrimiento.

La violencia en el hombre movida por los deseos no queda solamente como enfermedad en su conciencia, sino que actúa en el mundo de los otros hombres, se ejercita con el resto de la gente.
No creas que hablo de violencia refiriéndome solamente al hecho armado de la guerra, en donde unos hombres destrozan a otros hombres. Esa es una forma de violencia física.
Pero hay una violencia económica. La violencia económica es aquella que te hace explotar a otro. La violencia económica se da cuando robas a otro, cuando ya no eres hermano del otro, sino que eres ave de rapiña para tu hermano.
Hay además una violencia racial.
¿Crees que no ejercitas la violencia cuando persigues a otro que es de una raza diferente a la tuya? ¿Crees que no ejerces violencia cuando lo difamas, por ser de una raza diferente a la tuya?
Hay una violencia religiosa.

¿Crees que no ejercitas violencia cuando no das trabajo o le cierras las puertas o despides a alguien por no ser de tu propia religión? ¿Crees que no es violencia religiosa cercar a aquel que no comulga con tus principios, por medio de la difamación? ¿Cercarlo en su familia? ¿Cercarlo entre su gente querida, porque no comulga con tu religión?
Hay otras formas de violencia, que son las formas impuestas por la moral filistea.
Tú quieres imponer una forma de vida a otros. Tú debes imponer la vocación a otro… ¿pero quién te ha dicho a ti que eres un ejemplo que debe seguirse?
¿Quién te ha dicho que puedes imponer una forma de vida porque a ti te place? ¿Dónde está el molde y dónde está el tipo para que tú lo impongas?… He aquí otra forma de violencia.

Únicamente puedes acabar con la violencia en ti y en los demás y en el mundo que te rodea, por la fe interna y la meditación interna.
No hay falsas puertas para acabar con la violencia.
¡Este mundo está por estallar y no hay forma de acabar con la violencia!
¡No busques falsas puertas!
No hay política que pueda solucionar este afán de violencia enloquecido.
No hay partido ni movimiento en el planeta que pueda acabar con la violencia.
¡No sigas a una religión que te promete un infierno y que no puede acabar con la violencia en tu mente!
No hay falsas salidas para la violencia en el mundo.
…Me dicen que la gente joven en distintas latitudes está buscando falsas puertas para salir de la violencia y del sufrimiento interno. Busca la droga como solución.
No busques falsas puertas para acabar con la violencia. (Extraído de la Curación del Sufrimiento Punta de Vacas 1969).

Gracias a mi amigo argentino Marcelo Fabián Salas (Nación Humana).

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