Las ventajas de Correa

Por Felipe Burbano de Lara

A través del estatuto electoral y de la ingenuidad de quienes lo respaldaron, el Gobierno ató de manos a sus rivales políticos mientras el presidente mantenía plena libertad para moverse en la escena electoral. Mientras todos los partidos y movimientos han debido sujetarse a límites rígidos en el gasto, él ha derrochado recursos y no ha escatimado ofrecimientos como cualquier otro candidato. ¿Quién es Correa? La reiteración de las viejas prácticas políticas disfrazadas en una retórica de cambio radical. Un señor obsesionado con el poder. La repetición de lo que la izquierda y el progresismo han repudiado durante tantos años.

Mientras los rivales se han sujetado a las franjas publicitarias, el Gobierno ha promocionado sus acciones a través de “franjas” exclusivas. A los espacios de Alianza País se han sumado los de la “Patria ya es de todos”. Aparte de la publicidad, Correa ha recorrido el país para inaugurar puentes, carreteras, ampliar subsidios, entregar créditos, dar bonos. Se ha presentado –para usar un término de Fernando Bustamante– como el nuevo mecenas de la política ecuatoriana. Ha dispuesto de los recursos del Estado como suyos propios. Ha reproducido la idea habitual de la política ecuatoriana de que quien conquista el Estado puede usarlo de acuerdo con su voluntad. La fórmula adoptada es la de un régimen de emergencia generalizado.

Con los recursos del Estado ha salido –para usar otra expresión de Fernando Bustamante– a la conquista emocional de las masas. Sus actuaciones y discursos revolotean sobre la aspiración de cambio de los pobres, sobre sus necesidades y urgencias, para persuadirlos de que él representa el cambio. Se ha volcado hacia ellos para asegurarles una suerte de poder pastoral frente a los lobos, como decía Carlos de la Torre este sábado. Correa conjuga dos prácticas de la política ecuatoriana rechazadas por la izquierda y el progresismo: el paternalismo de las élites hacia las clases bajas –expresado siempre en una interesada actitud de generosidad y protección– y la arbitrariedad de los populismos: creer que el poder pertenece a quien triunfa en las elecciones, con absoluta incomprensión de los derechos de la oposición. El que triunfa se lleva todo, el que triunfa puede disponer del Estado como su botín. ¿No convendría que alguno de los académicos del Gobierno diera al presidente un cursito rápido de principios políticos?

A estas ventajas con las que se ha movido el oficialismo en la campaña se suma la capacidad de Correa para copar el espacio de la política nacional. Correa brilla en solitario. Los rivales más riesgosos –Gutiérrez y Noboa– están allí solo para reafirmar su retórica de una necesaria e inevitable limpieza política. Es el argumento que sostienen los nuevos socios de Alianza País para haberse subido a la camioneta triunfadora.

Pero tanto protagonismo del presidente en la campaña tiene como propósito reivindicar como suyo cualquier triunfo en la Asamblea. Él está allí para apropiarse de todo espacio, de ensombrecer a todos. Es el costo de su inconmensurable personalismo. Ha hecho tanta campaña para advertir a sus aliados y a los candidatos de su movimiento que el triunfo será, ante todo, suyo. El mensaje ha sido bastante claro: Alianza País comienza y termina en Correa.
Publicado en Diario Hoy

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